domingo, enero 14, 2007

Un antecedente del Pedro Páramo de Rulfo

COMO SUCEDE EN LA VIDA CON FRECUENCIA, llegué a la prosa de Richard Middleton (1882-1911)por azar, por mi afición a las historias de fantasmas que pueblan buena parte de la literatura inglesa del XIX.

Desde Los piratas fantasmas y la lectura de William Hope Hodgson --cuya lectura me descubrió una novela extraordinaria, La casa en el confín de la tierra--, tenía nostalgia de un tono semejante. No me detendré en ciertos paralelismos en las vidas tempranamente truncadas de ambos escritores, Hope H. y Middleton, ni en sus diferencias y afinidades. Cualquier lector de sus obras podrá hacerlo con facilidad.

La edición de Valdemar de El buque fantasma tenía más de un año en la fila de los libros pendientes en mi escritorio; y lo comencé a leer por el prólogo sin tomar muy en cuenta los comentarios de Arthur Machen a su respecto.

El criterio de selección de títulos de la colección El club de Diógenes es simple: rescata obras clásicas libres de derechos, las traduce correctamente y pone al alcance títulos que de otra forma habría que rescatar de los e-textos del Proyecto Gutenberg --cuando están en inglés, como sucede con RM-- o de alguna otra fuente (impresa o electrónica). Las ediciones están en papel crema, cosido, pegado en 1/16 (formato de bolsillo) y cubiertas de cartulina ilustradas en selección de color con obras de arte de época. Distribuye con amplitud, y si un texto se agota debe uno esperar ansioso la reedición. Un modelo perfecto para un mercado que se renueva con rapidez: los jóvenes lectores.

Middleton resultó ser un autor de contrastes. Combina varios tonos: uno intimista, más próximo al ensayo biográfico de ficción o al sociológico de un mundo paralelo al de los desposeídos de Charles Dickens; y el del imaginario literario --semejante al de Marcel Schwob. En tal medida, mi expectativa de la ficción en el volumen no quedo del todo satisfecha, ya que en conjunto el volumen hace una antología de las diversas facetas creativas del autor.

Realmente es en la fantasía donde radica la fuerza narrativa de Middleton: logra una altura poco común en el manejo de tonos poco explorados: "El buque fantasma" es un relato extraordinario, posterior a La ville-vampire (La ciudad vampírica), 1875, de Paul Féval --cuya obra no ha sido revalorada-- que logra un tono humorístico, parteaguas en la literatura fantástica. Middleton, con recursos propios de la gran narrativa inglesa (Sterne, Thackeray, Stevenson) escribe una historia conmovedora por su tratamiento: la invasión de un pueblo alejado del mar, donde desembarca un barco lleno de piratas fantasmas y su fugaz relación con los habitantes --vivos y muertos-- del lugar. Escrita con un balance perfecto en ritmo, atmósfera y peripecia la historia alcanza su desenlace con exactitud. No extraña que este relato sea considerado ejemplar para el género.

Mas la narración que motiva el título de esta reflexión es "En el camino de Brighton", cuento donde se describe el encuentro de dos viajeros --un par de vagabundos-- cuya estación final es incierta en todos sentidos. Middleton los presenta a través del diálogo sin mayor retórica, cuidando sólo marcar las diferencias entre ambos hasta el desenlace. Su breve separación y su encuentro final hacen de la historia un texto impecable. La intriga en torno a cada uno se dispa sin objeciones al final del relato. Este es su valor.




Cuando se lee de joven a Pedro Páramo, sin tener una mayor información respecto al texto de Juan Rulfo, tal vez uno de los momentos más sorpresivos sea el de la introducción al momento de releerla al terminar la lectura de la novela: la transición del mundo de los vivos al de los muertos carece de un momento definido. ¿Proviene el arriero de la Media Luna? ¿Es un habitante de Comala? ¿O simplemente ha sido alguien como Juan Preciado?

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"--¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?

--Comala, señor.

--¿Está seguro de que ya es Comala?

--Seguro, señor.

--¿ Y por qué se ve esto tan triste?

--Son los tiempos, señor. [...]

--Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.


En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más adelante, la más remota lejanía.

--¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?

--No lo conozco --le dije--. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.

--¡Ah!, vaya.

--Sí, así me dijeron que se llamaba.

Oí otra vez el "¡ah!" del arriero.

Me había topado con él en Los Encuentros, donde se cruzaban varios caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.

--¿A dónde va usted? --le pregunté.

--Voy para abajo, señor.

--¿Conoce un lugar llamado Comala?

--Para allá mismo voy.

Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció darse cuenta de que lo seguía disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.

--Yo también soy hijo de Pedro Páramo --me dijo. [...]

--¿Qué dice usted ?

--Que ya estamos llegando, señor.

--Sí, ya lo veo. ¿Qué pasó por aquí?

--Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.

--No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado. Parece que no lo habitara nadie.

--No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.

--¿Y Pedro Páramo?

--Pedro Páramo murió hace muchos años.

Era la hora en que los niños juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde. Cuando aun las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol.

Al menos eso había visto en Sayula, todavía ayer a esta misma hora. Y había visto también el vuelo de las palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños revoloteaban y parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer.

Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos...".
(Pedro Páramo, pp. 8 - 11)


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Vayamos ahora a Brighton y veamos una semejante conversación:

"Are you on the road, guv'nor?" asked the boy huskily as he passed.

"I think I am," the tramp said.

"Oh! then I'll come a bit of the way with you if you don't walk too
fast. It's bit lonesome walking this time of day."

The tramp nodded his head, and the boy started limping along by his side.

"I'm eighteen," he said casually. "I bet you thought I was younger."

"Fifteen, I'd have said."

"You'd have backed a loser. Eighteen last August, and I've been on the road six years. I ran away from home five times when I was a little 'un, and the police took me back each time. Very good to me,the police was. Now I haven't got a home to run away from."

"Nor have I," the tramp said calmly.

"Oh, I can see what you are," the boy panted; "you're a gentleman come down. It's harder for you than for me." The tramp glanced at the limping, feeble figure and lessened his pace.

"I haven't been at it as long as you have," he admitted.

"No, I could tell that by the way you walk. You haven't got tired yet. Perhaps you expect something at the other end?"

The tramp reflected for a moment. "I don't know," he said bitterly, "I'm always expecting things."

"You'll grow out of that;" the boy commented. "It's warmer in London, but it's harder to come by grub. There isn't much in it really."

"Still, there's the chance of meeting somebody there who will understand--" [...]

"I tell you," the boy said hoarsely, "people like us can't get away from this sort of thing if we want to. Always hungry and thirsty and dog-tired and walking all the while. And yet if anyone offers me a nice home and work my stomach feels sick. Do I look strong? I know I'm little for my age, but I've been knocking about like this for six years, and do you think I'm not dead? I was drowned bathing at Margate, and I was killed by a gypsy with a spike; he knocked my head and yet I'm walking along here now, walking to London to walk away from it again, because I can't help it. Dead! I tell you we can't get away if we want to...".
("On the road to Brighton").
Y con el contraste de estos dos textos podemos darnos idea que las obsesiones de dos escritores de tiempos y lugares poco relacionados entre sí muestran una coincidencia en su perspectiva, temática y puntos de vista. Semejanzas que se desvían cuando sabemos que Rulfo (1917-86), en su silencio, llegó a sobrevivir más tiempo a su desilusión del mundo que Middleton, cansado y desilusionado de la existencia, quien prefirió morir por voluntad propia antes de cumplir 30 años, en lugar de dar a la vida una oportunidad de sorprenderlo con un diferente golpe del destino.






4 comentarios:

eduardodegortari dijo...

Las coincidencias son muy interesantes. Las causa de esas coincidencias deben ser aún más interesantes. No sabía de la existencia del libro que comentas (soy un joven lector. Lo buscaré. Buen blog. Saludos.

Kronopio dijo...

Bueno, al parecer hace tiempo que no posteas. De cualquier manera, pienso más en Pedro Páramo, como Virgilio y Dante, para luego descender al inframundo. Al parecer Juan Rulfo tuvo contacto con la Divina Comedia, desde que estudio en el seminario. Y me imagino la escena iniciañ de Pedro Páramo como eso.

Anónimo dijo...

Querido Bernardo:

Ya nunca me mandaste el libro de nuestro querido Casar. ¿Y ahora? ¿Cómo le hacemos? Llegué a Buenos Aires hace un par de días y no regreso a México hasta el 17 o 18 de abril, más o menos. Te pido que me escribas a mi correo electrónico cuando puedas:

hbravov@hotmail.com

Bueno, espero que podamos ponernos en contacto. Mientras, un abrazote de un tu

HERNÁN BRAVO VARELA

Jorge Villarruel dijo...

El texto de Middleton está en mi lista de "por comprar", que alcanza unos 50 títulos, más los que se van sumando cada tiempo, menos los que van siendo adquiridos, o dejan de interesarme. Me encantan las obras que publica Valdemar (sobre todo, las del Club Diógenes). No hace mucho, compré el volumen 1 de la Narrativa Completa de Lovecraft, y es una delicia; ya espero que salga a la venta en México, el volumen 2. Los complementaré con las Obras Completas del mismo autor, que publica EDAF; en particular, los diversos tomos de Colaboraciones, textos que no aparecen en los libros de Valdemar.

Te dejo un saludo muy grande.

Jorge.