martes, junio 09, 2009

Para Enzia Verduchi

foto: http://s3.amazonaws.com/elespectador

Querida Enzia:

Debo felicitarte. En poco tiempo hiciste mucho y lo hiciste muy bien en la Coordinación Nacional de Literatura. 

Tuviste la sensibilidad para respetar a los autores, para conservar espacios, y para proyectar nuevos escritores; independientemente del desgaste constante que implica cumplir el calendario de muertos, muertos-vivos, vivos, más vivos y aniversarios. En todo momento una gran dignidad y siempre sin protagonismos. Felicidades, reitero. Es un montón de aciertos.

De modo que ya tendremos tiempo para comer, para continuar una amistad que rebasa burocracias y disputas estériles, celos o insidias y varios etcéteras. 

Cuenta como siempre con mi cariño y amistad, ahora junto con una mayor admiración y con todo el respeto que te mereces. Sigo, como siempre, a tus órdenes.
Un fuerte abrazo.

viernes, junio 05, 2009

Pregunta

Tengo la impresión de que en México se vive a diario con la pregunta ¿me tocará hoy ganar la lotería del diablo? Y en respuesta, un estremecimiento, un escalofrío. Y todos lejos.


jueves, mayo 21, 2009

Una página de Moriarty




En el 150 aniversario del nacimiento de Arthur Conan Doyle


Geometrías del profesor Moriarty


FUE DIFÍCIL convencer a Arthur: ciertamente odiaba a Mycroft, su inteligencia lo deslumbraba, pero su vocación para la inmovilidad y su alianza con la ley del menor esfuerzo le parecían lacerantes a Conan Doyle. Aceptó trabajar para mí, y demostrar la ventajosa proporción de mis habilidades.

Con él no servía la adulación: toda alianza debía considerarse como una partida de ajedrez, un renovado reto a cada paso. No era una cuestión monetaria, sino de talento. Había por ello que mover otros engranes: Sherlock era una pieza ideal: era un poco menos que Mycroft, incluso en el peso; era más vicioso que Mycroft, y no era un mediano aficionado a la música; bastante mediano, estoy seguro. Aunque su inteligencia era muy semejante. Doyle lo hizo ejemplar. Pobre. Y se puso a observarlo.

Por otra parte, existía un fuerte contraste en nuestras vidas: ni los Holmes, ni yo —Moriarty—, teníamos que velar por una mujer ni por una familia. Conan Doyle, sí. Eso implicaba compromisos, ceder a las presiones económicas. Lástima por él. Fue el instrumento de nuestros odios.

A su vez, Sherlock Holmes le causaba a Arthur alguna molestia: el desprecio que exudaba por la medicina. De ahí que hubiera que propiciar complejos rompecabezas para que los Holmes y Doyle aceptaran cada reto. Por suerte, los policías gustan mostrarse torpes o estúpidos. Se conforman con justificar medianamente su salario e ir tirando,

Y bien, Conan Doyle era un crédulo: basta asomarse a sus páginas metempsicóticas, a su imaginación en torno a mundos imposibles. Nada propio para quien sólo encuentra las certezas a través de la inducción o del método científico.

Me glorio por tanto de haberme desecho de Mycroft. De haber utilizado a sir Arthur Conan Doyle para desplazarlo. Me gusta que todo mundo lo mire para abajo cuando cita: “Elemental, mi querido Watson”.

Me glorío de mi talento por el mal que ha demostrado ser tan atractivo que no hay gobernante que deje de imitarme o de invocarme, así sea subrepticiamente. Soy en verdad, el maestro.

Hay sin embargo un crimen que cometí y no se me imputa. El asesinato de Sherlock Holmes, quien verdaderamente encontró su muerte al fondo de la catarata —en tanto yo cambié de apariencia, cambié de modus operandi y le dejé a Conan Doyle la posibilidad de continuar a solas con mi obsesión.

Desde entonces todos piensan que Reichenbach fue mi fin. Quien lea con cuidado, comprenderá la verdad. Te he vencido Mycroft. Adiós, Sherlock. Feliz cumpleaños, Arthur sir.


domingo, mayo 17, 2009

En busca de la permanencia

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¿Es o no es una pipa?

Bernardo Ruiz

Para todo escritor que por vez primera se interna en los territorios de la novela, suelen darse momentos magníficos, donde una seguridad imperial domina; o, bien, se llega hasta arenas movedizas y pantanos a los que sólo suceden terrenos yermos que le producen horas, días o semanas de desconsuelo.

Finalmente, ¿de dónde sacan valor quienes terminan un texto para presentarlo a una editorial, o se atreven a publicarlo cuando su trabajo más ha sido producto de la duda que de la certeza? (A su vez, hay que temer a los autores que afirman absolutas certezas). Me lo explico con cinismo: tras una crisis que atañe directamente a la autoestima, ésta se lanza al abrazo vacío de los potenciales lectores —bestiario amplio e insospechado— con la esperanza de un poco de comprensión para su talento.

Exagero. No debe dudarse del placer íntimo que produce en cada autor la creación y la representación del universo que hace la novela. E incluso, reafírmese: hay un secreto instinto —en los más preparados y capaces— que permite llevar hasta un desenlace adecuado una propuesta narrativa

Una desbocada voluntad de representar y de crear proporciona la energía que esta pasión necesita para condenarse a la escritura. A buscar la salvación por la escritura.

Cada proceso es distinto, con una pretensión semejante que, cuando logra romper toda atadura y reformular con impronta propia las cuestiones que cada ser humano se formula respecto a su existencia, su lugar y su tiempo, le abre las puertas a los territorios literarios.

Se equivoca por ello quien piensa que una obra debe ser original en su totalidad. Tal propuesta es imposible. Cada creación posee desde su génesis una larga serie de antecedentes y coincidencias que son accesos y claves para la comprensión de un texto. Dicho de otro modo: cada creación reitera el argumento de que nada humano nos es ajeno.

Tal es el caso, apuesto, de Esto no es una pipa, de Claudia Reina (Nogales, Son. 1980); novela que obtuvo el premio del Concurso del libro sonorense en 2007.

Esto no es una pipa describe un mundo interior y una circunstancia. El texto inicia a partir de las reflexiones de una mujer que reinventa su realidad para referirse a ella; para explicar por qué no es como los demás.

Historia desdichada que mucho recuerda las especulaciones de algunos protagonistas de Kurt Vonnegut (Desayuno de campeones), a quienes vemos reaccionar desde sus equilibrios y trastornos químicos, surgidos de dosis inusuales de hormonas o respuestas fisiológicas desordenadas. “Todo es por culpa de los químicos”, acostumbraba afirmar Vonnegut.

Para Aristóteles el mayor bien se refiere a la felicidad. Pero hay quienes por su naturaleza no son capaces —orgánicamente— de aspirar a este valor; lo reafirma la medicina moderna. Asimismo, para el siglo anterior y para el presente, los personajes de Kafka y de Beckett son ejemplos claros de estas naturalezas.

En Esto no es una pipa atestiguamos los por qué y los cómo de una mujer que trata de explicarse racionalmente, con una desbordante inteligencia, por qué ella es incapaz de percibir el mundo como los demás. En la misma medida, sus posibilidades de sentir y de reaccionar conforme a la normalidad y la costumbre están fuera de su ámbito. Para ella, la cotidianidad es sólo un mecanismo. Un reloj imperfecto donde debe moverse con una impuesta regularidad.

“Yo no soy Lucía, soy la otra, la que no tiene nombre, y se pregunta todos los días qué demonios hace aquí, dentro de un cuerpo dañado y una mente que poco a poco se va desbaratando. Yo soy la que se da cuenta de que se aproxima el desastre. Soy la otra, la que no tiene rostro, la que se subió por error a la nave de los locos”.

En tal medida contemplamos una realidad reconocible y descarnada, donde no hay freno para la capacidad desmedida de juicio que gobierna los actos de Lucía —la protagonista que habita una dimensión donde el sentimiento sólo es una etiqueta de algo difícilmente descifrable ante el bisturí del raciocinio.

La primera parte de la narración, escrita en primera persona, ofrece las claves para comprender la historia de Lucía. La segunda parte —el otro lado del espejo— es la relación de los hechos vistos sin la mirada de la protagonista. Gracias a esta tercera persona desentrañamos la relación de Lucía con Gabriel, su difícil alianza, y el insinuado desenlace.

“[Él] me dejaba perpleja. En sus libros podía aceptar que pasara cualquier cosa, pero no en la vida diaria; cualquier problema había que solucionarlo, cualquier situación anormal arreglarla. Sólo en los libros se permitía todo”.

La incapacidad de identidad, la distancia, dos razonamientos disparados hacia diferentes blancos demuestran las dificultades de la relación humana. ¿Quién piensa lo que pienso? Nadie, ciertamente. Tal dimensión, igualmente, se multiplica en diversos órdenes humanos, conforme a la experiencia de quien lea. Tal es la propuesta de Esto no es una pipa. Sólo en los libros se permite todo.

Hay, también, un epílogo: una larga cita de Antonin Arteaud: Y ustedes, locos lúcidos, cancerosos, meningíticos crónicos, son unos incomprendidos. Hay un punto en ustedes que ningún médico jamás comprenderá, y es ese punto para mí el que los salva y vuelve augustos, puros, maravillosos: están fuera de la vida, están por encima de la vida, tienen males que el hombre común no conoce, sobrepasan la normalidad…”, afirma.

Desgraciado desenlace, cabe esperar —ya Shakespeare había advertido que venimos al mundo llorando y nos vamos de él llorando. En medio cabe cualquier historia. Pero la de esta novela es tan ejemplar como amarga. Tal es el motivo para conocerla.

Mas no se piense que presenciamos un carboncillo y sus claroscuros; la novela tiene altos momentos poéticos y un humor contrastante: la escuela de Kafka. Y los lectores se lo agradecerán a Claudia Reina. Únicamente los melodramas acostumbran soslayar los matices que toda vida produce y que toda buena novela, en contraste, logra evocar.

Al término, reconocemos: somos parte de una sociedad enferma. las sociedades occidentales se han especializado en cuidar más sus macroeconomías y en proteger los privilegios de la usura por encima de la vida de los individuos y las formas de su soledad. En esa perspectiva, escasas sociedades son capaces de ofrecer un soporte para sus miembros. Somos, mientras somos útiles y productivos. Luego, nos convertimos en meros lastres. Dejamos de ser. Y una amplia colectividad afirmará: esto, no es una pipa. Largo.

Claudia Reina ha optado por un caso extremo; pero no por ello inusual, para señalar cómo de muchas maneras somos —en principio— como Lucía y Gabriel, cómo estamos perdidos en nuestros laberintos: alejados del amor, en la desconsolada práctica de placebos semejantes al amor, donde toda otredad nos es desconocida, ajena. En suma, muchos somos como la joven Lucía que morirá sin probar el sabor de un instante de felicidad.

*

Esto no es una pipa es la primera novela de Claudia Reina. Junto con esta obra, su libro de cuentos Paranoias y su obra de teatro La luz al final ganó sendos premios que confirman su capacidad y vocación. Salvación o condena, ha quedado de sobra demostrado su talento como escritora.

Mucho respeto merece su constante interés por evolucionar y no repetirse. Alejada de facilismos, la prosa de Claudia Reina muestra un rigor minucioso en el cuidado del ritmo, el dominio del vocabulario, la sintaxis pulida, la facilidad para prescindir de adjetivos, y la eficacia de sus párrafos, las concisas descripciones y los diálogos sin excesos verbales. La felicito. Le deseo a su trabajo un justo reconocimiento y permanencia. Y a ella, la felicidad.

Reina, Claudia. Esto no es una pipa. Instituto Sonorense de Cultura. Hermosillo, Son., 2007, (Concurso del libro sonorense 2007) 107 pp. isbn 978-968-5755-61-0



sábado, noviembre 08, 2008

Así en la tierra como en tu cuerpo


ENTRE LOS FENÓMENOS CONTEMPORÁNEOS que atañen a la creación literaria se encuentra una íntima revaloración social de la poesía; lo que no necesariamente comporta un arte ejemplar, sino expresa —más bien— una urgencia de reconocimiento de parte de sus hacedores ante una forma prestigiosa de comunicación.

En este sentido, hay una sobreoferta continua de textos, cuya escasa calidad salta a la vista: estas producciones, surgidas más del afán de reconocimiento que de una reflexión cuyo objetivo sea transmitir una sensación, un hallazgo vital, un proceso afectivo de cualquier orden o una circunstancia peculiar, se distinguen por su escasa coherencia, su débil originalidad y su inmediatez —versificaciones, cuando lo son, producto de una frustración o una carencia—; y es más sencillo definirlas como prosa en columnas que enumerar sus defectos: sintácticos, rítmicos, lógicos, lingüísticos, retóricos o semánticos.

Surgidos de un arrebato afectivo, buscan sólo dejar constancia de la aspiración de una grandeza que les es ajena. En ese sentido, su objetivo final se diluye a causa de la propia ineficacia que las nimba. No transmiten ni la idea ni la emoción a la que aspiran; imitan pálidamente algún modelo mal asimilado y lo reproducen con debilidad; o bien, a raíz de que surgen de una incierta penumbra no alcanzan a tener la fuerza para iluminar el sendero por el que desean conducir su argumento, respecto al cual no se alcanza revelación alguna.

Tanto a concursos como a revistas o editoriales, llegan un amplísimo número de estos materiales. Paralelamente, en muchos espacios, en reuniones específicas se leen y aplauden “poesías” de estas características. La cortesía desplaza a la crítica y difícilmente en estas circunstancias, pocos autores podrán afinar su trabajo.

Por otro lado, en los territorios de la creación profesional actualmente contemplamos una gran variedad de propuestas, corrientes o teorías poéticas. Bien puede diferenciarse en ellas un tono generacional, una liga más o menos estrecha con determinada forma de pensamiento o con un canon, que hace de la poesía contemporánea un coro vasto y polifónico, donde por momentos alguna voz se escucha con mayor claridad, afirma su dictum, y permite el surgimiento de nuevas voces alternas o contrapuntos reveladores.

Las técnicas y procedimientos varían con cada poeta y es el gusto o la sana complicidad inter pares la que agrega a estas maneras de ver el mundo su fuerza y ejemplaridad.

No es nuevo —por ello— decir que la poesía debe aprenderse a gozar con paciencia, por contraste y comparación; en ocasiones por su contenido; en ocasiones por su forma; también por su capacidad evocativa o por su estricta reformulación de lo clásico. E, igualmente, en otros sentidos: por su originalidad, por su inteligente polisemia, por su deslumbrante impenetrabilidad; además de la pluralidad de sus recursos. Sean estos ya formular una experiencia de vida, rozar un límite, dar la vuelta a una visión del mundo y pulverizarlas, lograr una total sencillez o bien concentrarse en un retador hermetismo.

La gran poesía ignora la popularidad, pero no la rechaza; la mejor poesía convence tras varias lecturas o de golpe; una poesía magnífica es inaprehensible y sutil, o directa y contundente. En ello la poesía es parte del gran sentimiento personal o colectivo; o abre espacio para nuevos matices de la sensibilidad y de la intuición.

La poesía no requiere explicación: por sí misma comunica. Carece de reglas, y construye las propias. De ahí que sea difícil comprender cómo alguien es un poeta, aunque no es complejo en ocasiones aproximarse al otro aspecto a la persona que es el poeta.

A través de este largo preámbulo deseo aproximar a los lectores al poemario Así en la tierra como en tu cuerpo de Luis Ramaggio (Campeche, 1973) quien publica en la colección Versodestierro, 53 poemas que son presente y evocación: la memoria y la presencia de una mujer. Tema omnipresente en la poesía, lo que por ello facilita su comprensión. Mas el reto viene a ser lograr un nuevo giro para las circunstancias que rodean el deseo y el amor: el cuerpo y el placer; los cielos y abismos de la belleza.

El autor con su libro no ha pretendido hacer un canto general; decide acerca del eje de sus creaciones a la manera del Dante que evoca a su Beatrice, o como el desconocido artista de la Venus de Willendorf, o el Catulo que ansía a Lesbia, y no a ninguna otra; con ello, Rammagio refiere sus poemas de Así en la tierra como en tu cuerpo, a Tatiana.

Ella no es una isla, ni un ser aislado. Es una alianza con el poeta que se confirma poema por poema: oportunidad de diálogo y monólogo, de esperanza y encuentros.

Ramaggio decidió armar su obra en tres partes a través de una poesía axiomática, donde la brevedad define la intensidad.

Así de fugaces testimonia los momentos más altos de la vida, así quiso capturarlos y enunciarlos su autor en el volumen. Ello permite un cargado erotismo que evoluciona y se muestra verso por verso.

En Así en la tierra como en tu cuerpo el erotismo implica tanto descubrimiento como reflexión. ¿Dónde el yo y el tú? ¿Cómo la ausencia y la presencia? Bien, solos a veces están los cuerpos, sin embargo la perspectiva del diálogo amoroso ofrece espacios amplísimos, de proporción ‘sideral’ para los mutuos descubrimientos. Presente, es la circunstancia de la relación. Preocuparse por la eternidad, fatuo.

La comprensión de estos acuerdos permite la continua renovación del encuentro amatorio, cuyas perspectivas son plurales, breves evocaciones y arquitectura inmensa del cuerpo de la mujer que se delinea en cada poema.

Como amor profano, desde la primera parte del libro, define el poeta este vínculo con la amada, y en tal medida hay una veneración intensa hacia su compañera de naufragios (es decir, más que un viaje el amor es un fluir a la deriva), su cómplice de espejos: “deseo tu deseo”, le dice.

¿Cuál es la magia y el secreto en una relación de este orden? Sólo el poeta puede responderlo, tal es la enunciación de ‘A saber’:

Es complejo

Mirarte como a un cielo.

La puerta se abre sola

en un ayer.

Cada que el cielo de ayer

se abre…

¿Mirarte como a una puerta?

Tentador.

Como mirar un cielo

Sin embargo, el equilibrio de la relación amorosa se da con justicia equitativa:

Como cielos blancos

A la mitad de un tú

Entre un tú

Y

un otro

Yo.

Estas premisas son el punto de partida para la travesía, esa jornada por el mundo en torno a sucesivos descubrimientos y asombros donde se alternan los registros de diversos hechos: los internos, del conocimiento y la experiencia (“Siempre hablo de tu cuerpo / como al mío”), y la crónica amorosa , donde a veces se interpola la concepción de un poema como reflejo de estados del amor o la aproximación hacia ellos.

Una segunda parte del libro es una / varias / todas las experiencias conjugadas de este recorrido. Un caleidoscopio amoroso que marca cada uno de los momentos más significantes de la exploración de esta conjunción de mundos. A partir de versos pareados asonantes, Ramaggio concatena diversas epifanías del encuentro amatorio. Todas ellas tienen un sentido: distinguir diferentes formas de la perfección.

La tercera parte de Así en la tierra como en tu cuerpo viene a ser la de la comprensión de lo vivido y lo registrado en un contrapunto que evoca una situación simultánea: la naturaleza del poema (‘conciso, sin tiempo, diligente’); el sentido y sinsentido de la palabra y del silencio ante la comprensión de la otredad, a la que a fin de cuentas descubre, se disecta entre cuerpo y nombre; o bien cuando la consciencia de lo vivido puede resumirse con la simple asunción de que, verdaderamente, el tú es ‘otro yo’.


En tal medida, Así en la tierra como en tu cuerpo es un libro que en su brevedad ofrece al lector una visión contrastante, personal e intensa de experiencias profundas; donde el conocimiento de matices pocas veces mencionados en torno al ars amandi, el arte de amar, ofrece la perspectiva de la permanencia de una relación, que busca la continuidad, si no la eternidad; mas aspira a ella, por su intensidad y belleza, a través de un sostenido anhelo de perfección.