domingo, mayo 17, 2009

En busca de la permanencia

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¿Es o no es una pipa?

Bernardo Ruiz

Para todo escritor que por vez primera se interna en los territorios de la novela, suelen darse momentos magníficos, donde una seguridad imperial domina; o, bien, se llega hasta arenas movedizas y pantanos a los que sólo suceden terrenos yermos que le producen horas, días o semanas de desconsuelo.

Finalmente, ¿de dónde sacan valor quienes terminan un texto para presentarlo a una editorial, o se atreven a publicarlo cuando su trabajo más ha sido producto de la duda que de la certeza? (A su vez, hay que temer a los autores que afirman absolutas certezas). Me lo explico con cinismo: tras una crisis que atañe directamente a la autoestima, ésta se lanza al abrazo vacío de los potenciales lectores —bestiario amplio e insospechado— con la esperanza de un poco de comprensión para su talento.

Exagero. No debe dudarse del placer íntimo que produce en cada autor la creación y la representación del universo que hace la novela. E incluso, reafírmese: hay un secreto instinto —en los más preparados y capaces— que permite llevar hasta un desenlace adecuado una propuesta narrativa

Una desbocada voluntad de representar y de crear proporciona la energía que esta pasión necesita para condenarse a la escritura. A buscar la salvación por la escritura.

Cada proceso es distinto, con una pretensión semejante que, cuando logra romper toda atadura y reformular con impronta propia las cuestiones que cada ser humano se formula respecto a su existencia, su lugar y su tiempo, le abre las puertas a los territorios literarios.

Se equivoca por ello quien piensa que una obra debe ser original en su totalidad. Tal propuesta es imposible. Cada creación posee desde su génesis una larga serie de antecedentes y coincidencias que son accesos y claves para la comprensión de un texto. Dicho de otro modo: cada creación reitera el argumento de que nada humano nos es ajeno.

Tal es el caso, apuesto, de Esto no es una pipa, de Claudia Reina (Nogales, Son. 1980); novela que obtuvo el premio del Concurso del libro sonorense en 2007.

Esto no es una pipa describe un mundo interior y una circunstancia. El texto inicia a partir de las reflexiones de una mujer que reinventa su realidad para referirse a ella; para explicar por qué no es como los demás.

Historia desdichada que mucho recuerda las especulaciones de algunos protagonistas de Kurt Vonnegut (Desayuno de campeones), a quienes vemos reaccionar desde sus equilibrios y trastornos químicos, surgidos de dosis inusuales de hormonas o respuestas fisiológicas desordenadas. “Todo es por culpa de los químicos”, acostumbraba afirmar Vonnegut.

Para Aristóteles el mayor bien se refiere a la felicidad. Pero hay quienes por su naturaleza no son capaces —orgánicamente— de aspirar a este valor; lo reafirma la medicina moderna. Asimismo, para el siglo anterior y para el presente, los personajes de Kafka y de Beckett son ejemplos claros de estas naturalezas.

En Esto no es una pipa atestiguamos los por qué y los cómo de una mujer que trata de explicarse racionalmente, con una desbordante inteligencia, por qué ella es incapaz de percibir el mundo como los demás. En la misma medida, sus posibilidades de sentir y de reaccionar conforme a la normalidad y la costumbre están fuera de su ámbito. Para ella, la cotidianidad es sólo un mecanismo. Un reloj imperfecto donde debe moverse con una impuesta regularidad.

“Yo no soy Lucía, soy la otra, la que no tiene nombre, y se pregunta todos los días qué demonios hace aquí, dentro de un cuerpo dañado y una mente que poco a poco se va desbaratando. Yo soy la que se da cuenta de que se aproxima el desastre. Soy la otra, la que no tiene rostro, la que se subió por error a la nave de los locos”.

En tal medida contemplamos una realidad reconocible y descarnada, donde no hay freno para la capacidad desmedida de juicio que gobierna los actos de Lucía —la protagonista que habita una dimensión donde el sentimiento sólo es una etiqueta de algo difícilmente descifrable ante el bisturí del raciocinio.

La primera parte de la narración, escrita en primera persona, ofrece las claves para comprender la historia de Lucía. La segunda parte —el otro lado del espejo— es la relación de los hechos vistos sin la mirada de la protagonista. Gracias a esta tercera persona desentrañamos la relación de Lucía con Gabriel, su difícil alianza, y el insinuado desenlace.

“[Él] me dejaba perpleja. En sus libros podía aceptar que pasara cualquier cosa, pero no en la vida diaria; cualquier problema había que solucionarlo, cualquier situación anormal arreglarla. Sólo en los libros se permitía todo”.

La incapacidad de identidad, la distancia, dos razonamientos disparados hacia diferentes blancos demuestran las dificultades de la relación humana. ¿Quién piensa lo que pienso? Nadie, ciertamente. Tal dimensión, igualmente, se multiplica en diversos órdenes humanos, conforme a la experiencia de quien lea. Tal es la propuesta de Esto no es una pipa. Sólo en los libros se permite todo.

Hay, también, un epílogo: una larga cita de Antonin Arteaud: Y ustedes, locos lúcidos, cancerosos, meningíticos crónicos, son unos incomprendidos. Hay un punto en ustedes que ningún médico jamás comprenderá, y es ese punto para mí el que los salva y vuelve augustos, puros, maravillosos: están fuera de la vida, están por encima de la vida, tienen males que el hombre común no conoce, sobrepasan la normalidad…”, afirma.

Desgraciado desenlace, cabe esperar —ya Shakespeare había advertido que venimos al mundo llorando y nos vamos de él llorando. En medio cabe cualquier historia. Pero la de esta novela es tan ejemplar como amarga. Tal es el motivo para conocerla.

Mas no se piense que presenciamos un carboncillo y sus claroscuros; la novela tiene altos momentos poéticos y un humor contrastante: la escuela de Kafka. Y los lectores se lo agradecerán a Claudia Reina. Únicamente los melodramas acostumbran soslayar los matices que toda vida produce y que toda buena novela, en contraste, logra evocar.

Al término, reconocemos: somos parte de una sociedad enferma. las sociedades occidentales se han especializado en cuidar más sus macroeconomías y en proteger los privilegios de la usura por encima de la vida de los individuos y las formas de su soledad. En esa perspectiva, escasas sociedades son capaces de ofrecer un soporte para sus miembros. Somos, mientras somos útiles y productivos. Luego, nos convertimos en meros lastres. Dejamos de ser. Y una amplia colectividad afirmará: esto, no es una pipa. Largo.

Claudia Reina ha optado por un caso extremo; pero no por ello inusual, para señalar cómo de muchas maneras somos —en principio— como Lucía y Gabriel, cómo estamos perdidos en nuestros laberintos: alejados del amor, en la desconsolada práctica de placebos semejantes al amor, donde toda otredad nos es desconocida, ajena. En suma, muchos somos como la joven Lucía que morirá sin probar el sabor de un instante de felicidad.

*

Esto no es una pipa es la primera novela de Claudia Reina. Junto con esta obra, su libro de cuentos Paranoias y su obra de teatro La luz al final ganó sendos premios que confirman su capacidad y vocación. Salvación o condena, ha quedado de sobra demostrado su talento como escritora.

Mucho respeto merece su constante interés por evolucionar y no repetirse. Alejada de facilismos, la prosa de Claudia Reina muestra un rigor minucioso en el cuidado del ritmo, el dominio del vocabulario, la sintaxis pulida, la facilidad para prescindir de adjetivos, y la eficacia de sus párrafos, las concisas descripciones y los diálogos sin excesos verbales. La felicito. Le deseo a su trabajo un justo reconocimiento y permanencia. Y a ella, la felicidad.

Reina, Claudia. Esto no es una pipa. Instituto Sonorense de Cultura. Hermosillo, Son., 2007, (Concurso del libro sonorense 2007) 107 pp. isbn 978-968-5755-61-0



2 comentarios:

Marcos García Caballero dijo...

Wow! jeje Bernardo Ruiz casi me haces llorar jeje qué onda magister!!! reportándome con usted desde aguascalderas y recomendarle el suplemento guardagujas de la jornada ags.
Un abrazote!!
Marcosx GC

Raul Racedo dijo...

es Artaud - no Arteaud