sábado, octubre 25, 2008

Colaboración mensual en el Financiero



Pasos de ornitorrinco *

No sólo leer; escuchar, también.


ME GUSTA ESCUCHAR UN TEXTO. Algunas veces se puede oír leído por sus autores: ese es el placer al cierre de una presentación o, sencillamente en una grabación o lectura en voz alta. El oído se educa para escuchar el ritmo de una frase, de un verso. Muchos errores inadvertidos de la escritura, también, se delatan al leerse para un público.

El ejercicio requiere adiestramiento: en ocasiones es difícil seguir un texto cuando solamente se le escucha. Por el contrario, es muy cómodo seguir a una obra si se tiene una copia del trabajo.

Desde que surgió el Ipod me llamó la atención su tecnología. Es una computadora pensada para reproducir sonido (aunque hay quien la usa como un respaldo cualquiera de información). Pero sólo hace un año me convencí de su utilidad: el ruido en la oficina —descubrí— puede amortiguarse con el reproductor.

Asimismo, encontré un programa gratuito (Audacity) capaz de trasladar muchas grabaciones al formato que utiliza el Ipod. Poco a poco he traducido viejos cassettes a mp3: muchos de ellos son lecturas y conferencias de autores.

En Internet, hay también, a través de Gutenberg.org llegué a Librivox.org, un amplio acervo de grabaciones de libros que concuerdan con las versiones de Gutenberg. Ambos sitios regalan sus productos. Sin mucho esfuerzo he aprendido a leer y escuchar textos que están en español, o en inglés, o en francés, además de que tienen materiales en otras lenguas. Ignoro si mi pésima pronunciación ha mejorado, pero mi comprensión se ha incrementado notoriamente junto con el gusto por este proceso. Siempre da gusto tener acceso a hallazgos poco usuales.

Uno de ellos es una versión en inglés de H. Rider Haggard, el conocido autor de Ella y Las minas del rey Salomón: Heart of the World, que puede traducirse como El corazón del mundo, una novela de aventuras con diversos perfiles. La liberó Librivox hace unos meses: la grabación es magnífica y la lectura del intérprete (anónimo), de aplauso.

La novela sucede en el México del siglo XIX, cuando un inglés (Jones) llega a explorar la selva maya, donde conoce a un hacendado, don Ignacio, el último descendiente de Cuauhtémoc. Este lo recibe con respeto y aprecio. Al paso de las semanas se hacen grandes amigos. Entonces, don Ignacio le confiará su historia.

Asistimos a la biografía del último emperador azteca. “El corazón del mundo” es un antiguo talismán —heredado secretamente, de generación en generación, entre los príncipes mexicanos. Su posesión le confiere a don Ignacio el gobierno de todos los indios de México. Y la posibilidad de tener acceso a los grandes tesoros escondidos de Moctezuma.

Eso no es todo, la joya de Ignacio sólo corresponde a la mitad del secreto. Su parte es la de la luz. Y desde hace siglos está perdida su contraparte, la que corresponde a la noche. Ambas, deben unirse en la ciudad del Corazón, que guarda incontables riquezas.

Esto sólo podrá lograrlo Ignacio a través de una serie de pruebas, fracasos y aventuras. En su búsqueda, el Señor del Corazón del Mundo conocerá a Strickland, un gentilhombre inglés que será su compañero inseparable a lo largo de la historia.

Por ello, leer y/o escuchar El corazón del mundo es una experiencia deleitosa. Haggard demuestra su usual talento narrativo a lo largo de todo el volumen. Adicionalmente, para quien conoce México, el libro le ofrece un país imaginado, es cierto; pero de referencias verosímiles en sus atmósferas y ambientes: con una magia y misterios que nos son conocidos, pero pocas veces capturados desde miradas ajenas a nuestros modos de ser.

Sin éxito he buscado traducciones al castellano de Heart of the World, lo que no debe ser impedimento para conocer el libro, si se tiene el placer de la aventura. Será una experiencia que se agregue a la gesta de Strickland y de Ignacio.

Agosto, 2008

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* El ornitorrinco es el mamífero más alejado evolutivamente del hombre.


2 comentarios:

Patricia Hoyos dijo...

Para hacerlo con pocas palabras, lo dejas todo bien atado. Claro, conciso, y sabiendo lo que haces.
Enhorabuena, amigo.

Anónimo dijo...

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