domingo, octubre 03, 2004

Cuestión de tiempo

¿Qué hay en un nombre?

¿AJUSTE DE CUENTAS? ¿Revelación? ¿Suma de críticas y propuestas? ¿Revival del juego de pactos y traiciones Revolucionarios? ¿Ensayo y crónica de un partido? Varias o todas pueden ser las lecturas de PNR, PRM, PRI: esbozo histórico, donde el PRI es el protagonista de los acontecimientos, e incluso, un producto natural del México independiente y sus turbulencias decimonónicas.

Acostumbrados al concepto de la historia escrita por los vencedores, aparece durante el primer cuatrimestre del año electoral 2003 una visión de los vencidos que, dados los nombres de postulantes para integrar el Congreso durante el próximo trienio, bien pudiera ser el anuncio de una apasionada segunda parte.

Fernando de Garay, Mariana Vega y Alberto Márquez se propusieron desarrollar a partir de un primer ensayo, Apuntes para la historia, publicado en 2001, un panorama más amplio de su visión de la evolución de las personas, grupos y partidos que conformaron --finalmente-- al PRI que salió de Los Pinos tras las elecciones de julio de 2000.

De todos los títulos que pudieron darse al amplísimo volumen, se decidió por el más discreto: el bosquejo de las diversas transformaciones de un partido político y los nombres que lo identificaron. "¿Qué hay en un nombre?", pregunta un personaje de Shakespeare, "Aquello a lo que llamamos rosa, con otro nombre, olería igualmente delicioso", se responde.


Sin embargo, con la lectura contrastada de los primeros capítulos con los finales, el lector confirma que algo se fue pudriendo en Dinamarca: inicialmente se conformó un partido que respondía al interés de conservar el poder y la Constitución de 1917 a través de una amplia base popular representada, para bien y para mal, por sus líderes. Y tuvo la habilidad para sortear piedras en el camino --la frase es de Martínez Assad-- y de hacer sus metamorfosis sucesivas desde PNR, PRM, y PRI, hasta el organismo que se debate hoy por su supervivencia.


Para los autores y para los protagonistas, el PRI sigue siendo una institución viva. Para los votantes una posibilidad de mirar hacia atrás o hacia un México distinto. Para este lector, un organismo autofágico que debe depurarse y mudar de costumbres, como aconseja Quevedo al final de la historia de Don Pablos.


Si con el PNR se logró un equilibrio entre partido y pueblo que se fue desgastando cíclicamente, mientras la conservación del poder se mantuvo como una prioridad categórica. Al término de este recuento, se comprende que la habilidad del quehacer político del PRI quedó en manos de cuadros cada vez más escasos, en tanto y la atención y espectativa de la ciudadanía se volvió hacia cualqier parte.


Y si bien, a veces, la estructura histórica del Esbozo abusa de la retrospectiva, el texto contiene tesis sorprendentes, ya que se expone y afirma --desde un libro eminentemente partidista-- la mecánica y funcionamiento --muchas veces soslayada o negada por los propios actores y protagonistas-- de las reglas no escritas de un sistema que operó en México durante la mayor parte del siglo XX.


De este modo se proponen conclusiones tales como la que afirma que Zedillo fue frívolo al renunciar a su capacidad de intervenir en la designación de sucesor en 1999. "No solamente pretendió ignorar un método, o engañar al país, sino desconoció la historia y el sentido del instituto político que lo llevó al ejercicio de gobierno...", afirman los autores. Esos errores se pagan.


El esbozo histórico de De Garay, Márquez Salazar y Vega subraya su interés en la relación entre protagonistas, grupos del poder y programas nacionales con la vida interna partidista, y reconoce al prototipo de gobernante en Cárdenas, como un estadista capaz de rebasar lastres históricos y contemporáneos para llevar al país a un nivel de equilibrio sin precedentes.

No obstante, la principal controversia de éste y sucesivos capítulos pareciera darse con afirmaciones de Luis Javier Garrido, cuando la bibliohemerografía al respecto de los los diversos periodos presidenciales y las reestructuraciones facilitaría en sucesivas ampliaciones de este Esbozo una más equilibrada y plural discusión.


El panorama de la historia moderna del país hasta el periodo de López Mateos permite una lectura en extremo documentada de las circunstancias nacionales y en cierta medida objetiva. A partir del Diazordacismo, la absolución o total condena de los personajes históricos, si bien es cosa juzgada para la sociedad pensante, la posición del PRI ha sido ambigua. Este esbozo admite que el inmovilismo interno del partido y la cerrazón hacia los jóvenes, debilitó irremediablemente la estructura del instituto. Y a su vez, declara responsable a GDO de la masacre del 68 y la ceguera del entonces presidente para distinguir en la actitud de los jóvenes la necesidad de democracia.

Los mayores aciertos del volumen los encuentro en los capítulos donde el contrapunto entre lo testimonial y lo anecdótico hacen el perfil de la lucha interna por lograr una síntesis de las diversas tendencias que caracterizan al PRI, ya que es donde se formula una ideología más viable para un partido en recomposición, realmente, a través de la discusión de los factores del poder y sus intereses.


Propiamente más de la mitad del libro se ocupa de los años de los periodos que van de López Portillo hasta la actualidad. Son los años del derrumbe, ligados al gran cambio de los países y sociedades, la evolución tecnológica y científica acelerada y las debacles económicas y donde la evolución del crimen, el crecimiento del terrorismo y el narcotráfico socavan a todas las naciones. Donde finalmente la aldea global se regionaliza en respuesta al imperialismo unipolar, y donde --en la misma relación-- los líderes pierden su proporción y se convierten en pequeños caciques enfrentados.


En esta dialéctica, no hubo ganadores. Sólo vencidos. El equilibrio fue imposible de mantener. Y el resultado fue de alrededor de 40 millones de perdedores. Siempre postergadas las soluciones, se alcanzó la indefinición total. Durante cada ciclo se vota para buscar respuesta a las promesas de campaña que hizo Miguel de la Madrid. Y al espectador no le cabe duda. Se logró la democracia. Pero ésta es una satisfacción vacía cuando se tiene empeñado el futuro.


La visión de México era la de una tierra de volcanes, hoy, parece una tierra de catástrofes, cambiamos de país sin cambiar de pasaporte. Entre el penelopismo, el gatopardismo y el tributo a Kafka nos acostumbramos a vivir en un país literario. Nos acostumbramos a vivir en un país de pactos y de amarres, no de soluciones ni de responsables. En este país sólo los desposeídos son culpables. Pueblo, partidos y gobierno van cada uno por su lado jugando con la pelota de la corrupción y las deudas. Y este Esbozo muestra las debilidades de la democracia dirigida y la de la democracia mal digerida.


Para concluir: se pensó siempre que era una ventaja el doble discurso donde cada quien escuchaba lo que anhelaba. El balance de los sexenios que van de De la Madrid a Zedillo en nigún caso es favorable. Recuerda la vida de los Césares: recordamos sus errores, no sus grandes obras. Ningún pueblo merece el agravio de sus gobernantes. Y en México hay heridas abiertas todavía que debieran sanarse.



Bien por los autores por este volumen, donde buscan aproximarnos a la verdad. Es conveniente hacer el recuento de los daños.Y hablar mirándonos a los ojos. Pero queda formulada la pregunta: si ya una larga vez se traicionó nuestra confianza, ¿son tan optimistas todavía en que a mediano plazo pudiera restablecerse el vínculo? No puede apostarse ni a la cabal memoria ni al olvido: los mexicanos son un pueblo que no deja de lado una afrenta. Al tiempo.




PNR, PRM, PRI: esbozo histórico
Fernando de Garay, Alberto Márquez Salazar y Mariana Villegas
Fundación Colosio A.C., México, 2003. 414 pp. (Ilust.). Isbn 90-93249-0x


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